Querido amigo con lo que parece ser un caso exacerbado de síndrome de Diógenes (aunque para mí que lo que te pasa es que eres un guarro de narices...):
La verdad es que mis conocimientos se quedan cortos ante los variados y complejos problemas que parecen abatirte, aunque creo poder ayudarte en el caso concreto que al coyote se refiere. Compartiendo contigo esa sensación de injusticia y rabia extrema que en todos nosotros debiera producir (si es que no lo hace) que todo un ejemplo de perseverancia y desaliento -tan infrecuente en nuestros días, faltos de los más elementales valores- no consiga nunca ver satisfecho su esfuerzo y dedicación con la caza de ese ave hortera y repipi que más parece un avestruz con claros síntomas de hiperactividad, con sonido de automóvil y color de dudoso origen natural, no puedo sino invitarte a que te unas al grupo de los que como yo, animal racional y consciente de su papel en la cadena evolutiva, nos resistimos a aceptar que las intemporales reglas de la Madre Naturaleza se vean alteradas con aberraciones como las que permiten a un depredador serio y respetable verse privado diariamente de su pitanza por las burdas e infantiles estratagemas de tan inclasificable ser.
Esperando haberle sido de ayuda se despide atentamente su amigo,
el Dr. Erizo.
Mic-Mic
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viernes, 14 de noviembre de 2008
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